David Morales
El 31 de julio de 1566 falleció en el convento de Nuestra Señora de Atocha, en Madrid, fray Bartolomé de las Casas, una de las figuras más relevantes de la historia de la América española por su incansable defensa de los pueblos originarios. Conocido como el «Protector de los Indios», dedicó gran parte de su vida a denunciar los abusos cometidos durante la conquista y colonización del continente, especialmente en la Nueva España, impulsando reformas jurídicas que sentaron algunos de los primeros precedentes en la defensa de los derechos humanos.
La vida de Bartolomé de las Casas transcurrió durante uno de los periodos más complejos de la expansión española en América. Nació en Sevilla hacia 1484 y llegó al continente en 1502, estableciéndose inicialmente en la isla La Española. Como muchos colonos de la época recibió una encomienda y participó en las campañas de conquista. Sin embargo, la violencia ejercida contra las poblaciones indígenas transformó profundamente su pensamiento.
El propio Las Casas relató que el sermón pronunciado en 1511 por el dominico Antonio de Montesinos, quien denunció públicamente los abusos contra los indígenas, marcó un punto de inflexión en su vida. Años más tarde renunció a sus encomiendas y comenzó una intensa labor de evangelización y defensa jurídica de los pueblos originarios. Para el historiador Silvio Zavala, uno de los mayores especialistas en la historia del derecho indiano, esta decisión convirtió a Las Casas en «el crítico más constante del sistema colonial en sus primeras décadas».
A partir de entonces emprendió numerosos viajes entre América y España para informar directamente a la Corona sobre las condiciones en que vivían los indígenas. Sus denuncias quedaron plasmadas en obras fundamentales como la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» (1552), texto en el que describió las matanzas, esclavización y abusos cometidos durante la conquista. Aunque su lenguaje ha sido objeto de debate historiográfico por el tono profundamente moral y testimonial, especialistas del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM consideran que la obra constituye una fuente indispensable para comprender las primeras décadas del dominio español en América.
Su influencia fue especialmente importante en la corte del emperador Carlos V. Gracias a sus constantes gestiones, la Corona impulsó una serie de reformas encaminadas a limitar los abusos del sistema de encomiendas. El resultado más importante fueron las Leyes Nuevas de 1542, promulgadas por Carlos V, que prohibieron la esclavitud indígena —salvo contadas excepciones legales de la época— y restringieron la transmisión hereditaria de las encomiendas. El historiador Miguel León-Portilla destacó que estas disposiciones representaron el primer intento sistemático de la monarquía española por proteger jurídicamente a los pueblos originarios de sus dominios americanos.
Otro de los episodios más trascendentes en la trayectoria de Las Casas fue la Controversia de Valladolid, celebrada entre 1550 y 1551. En ese debate sostuvo una célebre discusión con el humanista Juan Ginés de Sepúlveda acerca de la legitimidad de la conquista y del trato que debía darse a los indígenas. Mientras Sepúlveda justificaba la guerra y la dominación apoyándose en interpretaciones aristotélicas, Las Casas defendía que los pueblos indígenas poseían plena racionalidad, capacidad de autogobierno y los mismos derechos naturales que cualquier otro ser humano. Investigaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas consideran este debate uno de los antecedentes más importantes del derecho internacional y de la reflexión moderna sobre los derechos humanos.
Su relación con la Nueva España fue constante. Aunque desarrolló gran parte de su actividad en el Caribe y Centroamérica, intervino repetidamente en asuntos relacionados con el territorio mexicano y sostuvo una amplia correspondencia con autoridades civiles y religiosas para denunciar los abusos contra las comunidades indígenas. Además, respaldó la labor de obispos y religiosos que buscaban una evangelización pacífica basada en el respeto a las culturas originarias. El INAH señala que sus planteamientos influyeron en la manera en que la Corona reguló la administración colonial en diversas provincias de la Nueva España.
No obstante, la figura de Bartolomé de las Casas también ha sido objeto de análisis crítico. Algunos historiadores, entre ellos Marcel Bataillon, recuerdan que en sus primeros escritos propuso sustituir temporalmente parte del trabajo indígena por mano de obra africana esclavizada, postura que posteriormente reconoció como un grave error y de la cual se retractó públicamente. Esa rectificación es considerada por los especialistas como parte de la evolución de su pensamiento hacia una defensa universal de la dignidad humana.
Bartolomé de las Casas murió el 31 de julio de 1566, después de más de cinco décadas dedicadas a denunciar los abusos del sistema colonial. Sus escritos continuaron circulando durante los siglos posteriores y ejercieron una profunda influencia tanto en el pensamiento jurídico europeo como en la historiografía americana. Obras como la Historia de las Indias y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias siguen siendo objeto de estudio en universidades e instituciones académicas de todo el mundo.
En México, su legado permanece estrechamente vinculado a la defensa de los pueblos originarios. Investigadores como Miguel León-Portilla y Silvio Zavala coinciden en que Las Casas contribuyó a introducir la idea de que los indígenas debían ser reconocidos como sujetos de derechos y no únicamente como habitantes de los territorios conquistados. Aunque muchas de las disposiciones protectoras fueron incumplidas o aplicadas de manera limitada, sus planteamientos influyeron en la evolución del derecho indiano y en la posterior construcción de principios relacionados con la igualdad jurídica y la dignidad humana.
A 460 años de su muerte, Bartolomé de las Casas continúa siendo una figura indispensable para comprender los debates sobre la conquista de América, la evangelización, los derechos de los pueblos indígenas y el origen de las primeras reflexiones jurídicas sobre los derechos humanos en el continente. Su vida recuerda que, incluso en los momentos de mayor expansión imperial, existieron voces que cuestionaron la violencia y defendieron la justicia como fundamento de la convivencia entre los pueblos.
Fuente: Diario Avance
