Villahermosa, Tabasco

Cada vez que abren una plaza comercial nueva en Villahermosa, la gente aplaude como si nos hubieran dado agua potable las 24 horas. “¡Ya van a poner un Starbucks!” dicen. “¡Otro Oxxo más!” celebran. Y yo me quedo pensando: bueno, ¿y un parque con árboles grandes y bancas que no te quemen las nalgas? ¿Eso pa’ cuándo?

Vivimos en uno de los estados más calurosos de todo México. Aquí la sensación térmica rebasa los 45 grados en abril y mayo sin despeinarse. Y nuestros parques — con todo respeto — parecen estacionamientos con pasto. Ni una sombra decente, ni una fuente que funcione, ni un lugar donde sentarte a descansar sin que te derrita el sol como mantequilla en comal.

Pero lo peor no es que no siembren árboles. Lo peor es que los cortan. Sí, señores. En pleno 2026, en una ciudad que se derrite, la gente corta árboles. ¿Y saben por qué? Porque los pajaritos les ensucian el carro. Porque les da flojera barrer las hojas. Porque la raíz les levanta la banqueta. ¡Las hojas! ¡Los pájaros! Estamos hablando de seres vivos que nos dan oxígeno, sombra y frescura, y los cortamos porque ensucian el Tsuru.

Y después se quejan del calor. “¡Ay, qué calor tan insoportable!” dicen mientras prenden el aire acondicionado a todo lo que da. Pues claro que hace calor, compadre. Cortaste el árbol que te daba sombra gratis. Ahora el sol le pega directo a tu techo, tu casa se calienta como horno, y te gastas tres mil pesos de luz al mes. Felicidades.

Lo que mucha gente no entiende — o no quiere entender — es que los árboles son el aire acondicionado natural de Villahermosa. Un solo árbol grande puede bajar la temperatura de su alrededor hasta 8 grados. Ocho grados. Eso es la diferencia entre caminar tranquilo por la banqueta y sentir que estás en una sartén.

El Parque Tomás Garrido tiene historia, sí. Pero caminar por ahí a las dos de la tarde es un acto de supervivencia. La Laguna de las Ilusiones es hermosa — desde lejos. Porque si te acercas mucho, el olor te devuelve a la realidad. Y el Parque La Choca, que debería ser nuestro pulmón verde, sigue esperando que alguien le meta inversión de verdad.

¿Saben cuál es el problema? Que pensamos que modernizar es poner más concreto. Más estacionamientos. Más centros comerciales con aire acondicionado. Y sí, el aire acondicionado es una bendición en Tabasco — nadie lo niega. Pero no podemos vivir encerrados en una burbuja de clima artificial mientras afuera la ciudad se cuece porque le quitamos toda la vegetación.

Los niños de hoy ya no saben lo que es jugar afuera. Y no es porque no quieran — es porque afuera no hay dónde. Las banquetas están rotas, los parques no tienen juegos, y el sol pega como si tuviera algo personal contra los tabasqueños. Antes las colonias tenían árboles de mango en cada esquina. Los chamacos se subían a bajar mangos y regresaban a la casa todos raspados pero felices. Ahora las esquinas tienen postes de concreto y anuncios de cerveza.

La solución no es complicada. Son árboles. Muchos árboles. De esos grandes, frondosos, con raíces que aguanten las lluvias y copa que den sombra de verdad. Macuilis que pinten de rosa la ciudad cada primavera. Ceibas que nos recuerden quiénes somos. Guanábanas y mangos que alimenten a los chamacos del barrio.

Y a los que cortan árboles porque les ensucian el carro les digo: cómprate una lona. Cómprate una escoba. Pero no cortes el árbol que le da vida a tu cuadra. Porque cada árbol que tumban es un pedazo de sombra que le quitan a toda la colonia. Es un grado más de calor que todos vamos a sufrir. Es un pájaro menos cantando en la mañana.

Mi propuesta es simple: que el municipio prohíba cortar árboles sin permiso. Que por cada árbol que se tenga que tumbar, siembren cinco. Y que los fraccionamientos nuevos estén obligados a dejar árboles grandes, no palmitas decorativas que no dan ni para tapar el sol de un chihuahua.

Tabasco tiene ríos, lagunas y la tierra más fértil del país. Que alguien me explique por qué no podemos ser la ciudad más verde de México en vez de la más caliente.

Ahí se los dejo. El Choco ha hablado.

— El Choco, sudando pero con opinión firme y ganas de sombra. Y por favor, no corten los árboles.