Villahermosa, Tabasco

Patricia González/Desde el Cristal

El uso de vehículos como las motocicletas ha incrementado la mortalidad en un 126 por ciento en nuestro país en menos de una década. Eso dicen las estadísticas. Alrededor de tres mil motociclistas pierden la vida, los heridos de gravedad o aquellos que quedan con secuelas permanentes se cuentan por decenas de miles. Sobre todo, hoy, se ven más adolescentes que maniobran este tipo de transporte y eso ha hecho más peligroso aun el tránsito, no sólo en las ciudades o zonas urbanas, sino incluso en las comunidades más apartadas de las zonas rurales. 

Es lamentable que la vida de los jóvenes termine por la imprudencia y la inconsciencia de quienes provocan accidentes viales por el simple hecho de sentir la adrenalina al tripular uno de estos medios de transporte. Así sucedió apenas un par de días a una jovencita de apenas 15 años de edad quien perdió la vida mientras viajaba en motocicleta por El Paseo de las Flores en la capital tabasqueña. El conductor del vehículo era, seguramente, otro estudiante de preparatoria. Éste al ver lo que había sucedido abandonó el lugar, dejando la moto en la vía pública y a su compañera tirada en el asfalto. Lamentable hecho.

A los motociclistas se los ve circular sin precaución ni protección. No les preocupa que puedan perder su propia vida o causar que otros la pierdan. No portan la indumentaria mínima que proteja su propia seguridad física: botas, guantes, rodilleras, cascos, chamarras especiales. Algunos transportan niños, o acomodan hasta cuatro personas en la estrechez del artefacto. 

En Tabasco, donde la educación vial es casi nula, se los ve rebasar por el lado derecho a vehículos más grandes, o subirse a las banquetas. Han ocurrido percances cuando la gente desciende del transporte público y un motociclista la embiste, porque ni el transportista, ni los usuarios y mucho menos los motociclistas tomaron precauciones. 

Tres mil fallecimientos anuales no es poca cosa. De las muertes viales las de los motociclistas representan el 17 por ciento.  El diario La Jornada publicó que a nivel nacional los ingresos a hospitales por accidentes en motocicleta han rebasado los 90 mil al año, de ahí que las lesiones permanentes o discapacidades también afecten de manera negativa la salud pública del país, con gasto extraordinario para el Estado y las familias mexicanas. Morir o no morir, esa es la cuestión, parafraseamos a William Shakespeare apenas rebasado el primer cuarto del siglo veintiuno. 

Vemos repartidores de cualquier cosa circular por calles y avenidas en las ciudades. Conductores de aplicaciones de transporte, hombres y mujeres; el 80 por ciento de las víctimas son gente joven. Para ellos, o para todo conductor en general las leyes obligan usar indumentaria certificada. ¿Quién aplica las leyes? ¿Quién se preocupa por cumplirlas para salvar no sólo sus propias vidas sino las de los demás ciudadanos?

EN LA MIRA

Seguramente la jovencita preparatoriana que perdió la vida en una motocicleta no llevaba ningún equipo de protección y mucho menos el conductor respetaba los límites de velocidad ni menos tenía la pericia para evitar accidentes viales. Menores de edad pueden transitar sin licencia de conducir. Cualquier persona puede montarse en una motocicleta y convertirse en una amenaza para sí mismo y para los demás. Urge atender esta amenaza.

Fuente: Diario Avance

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