Villahermosa, Tabasco

Patricia González/Desde el Cristal

Hay algo interesante en lo que sucede hoy en la política, y no sólo en la mexicana sino también en la internacional. Nos referiremos al lenguaje agresivo, a las expresiones que se utilizan para crear una narrativa como pretexto para imputar o responsabilizar a las personas por hechos que ni siquiera han sido comprobados. Recordemos aquel día en que el expresidente Andrés Manuel López Obrador saludó a la señora María Consuelo Loera Pérez en una gira por Sinaloa. Desde aquella vez la oposición aseguró que AMLO estaba involucrado con el narcotráfico y que el saludo a la madre de Joaquín Guzmán Loera, era una prueba irrefutable del nexo del político tabasqueño con el crimen organizado. 

Un segmento de la oposición pretende olvidar que desde hace décadas en el viejo sistema se impulsó del tráfico de la mariguana y de la goma de opio a petición del gobierno de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y que a finales de los años 70 y principios de los 80 bajo su régimen nacieron los primeros cárteles fundados por Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo. 

Fue el despegue del crimen organizado en nuestro país y se hizo más evidente aún durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa, cuando el Cártel de Sinaloa tuvo quizá el auge más alto bajo la protección del entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, ya que proporcionó protección y dio la exclusividad a este grupo criminal sobre las demás organizaciones delictivas con las cuales se desató una guerra que, en vez de disminuir su poderío, crecieron como una hidra a la que se cortan los brazos y le brotan mil por cada uno de ellos. 

A partir de las campañas electorales de 2024 el uso de las expresiones “narcopresidente” y “narcocandidata” aumentaron como una propaganda imparable contra el movimiento que lideraba el expresidente AMLO y que continuaría la entonces candidata a la presidencia de la República, Claudia Sheinbaum Pardo. Los términos fueron acuñados por rotativos internacionales, particularmente algunos rotativos de Estados Unidos, los cuales secundaron esta narrativa propagandística para influir en aquellas elecciones. Los resultados no fueron los que ellos esperaban, el voto a favor de la candidata presidencial rebasó las expectativas y la oposición fue derrotada contundentemente en las urnas a pesar de las campañas negras contra la llamada cuarta transformación. 

No obstante hoy, los opositores al gobierno que encabeza la doctora Claudia Sheinbaum, han recrudecido las acusaciones agregando expresiones como “narcoestado”, “narcogobierno”, “narcodiputados” y a quienes apoyan al régimen los tildan de “narcoyutubers” y otras expresiones que buscan incidir de manera negativa en el imaginario de la ciudadanía a lo largo y ancho de nuestro país. 

 EN LA MIRA

Esta narrativa agresiva la han usado quienes han llegado a la presidencia de varios países latinoamericanos, la usan como propaganda para convencer al electorado que “ellos” vienen a liberar luchar contra ese tipo de “narcoterrorismo”. Sin embargo varios de ellos tienen negocios turbios con las mafias criminales y exportan droga desde sus negocios particulares aprovechando el poder de su investidura o de que tuvieron el gobierno. 

Fuente: Diario Avance

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