David Morales
El 17 de julio de 1928 fue asesinado en el restaurante La Bombilla, en la entonces Villa de San Ángel, el general Álvaro Obregón, uno de los principales líderes de la Revolución Mexicana y presidente de la República entre 1920 y 1924. Su muerte, ocurrida apenas unas semanas después de haber sido reelegido para un segundo mandato presidencial, provocó una de las mayores crisis políticas del México posrevolucionario y dio origen a un nuevo modelo de organización del poder que marcaría al país durante gran parte del siglo XX.
Álvaro Obregón nació el 19 de febrero de 1880 en Huatabampo. Antes de incorporarse a la Revolución se dedicó a la agricultura y al desarrollo de maquinaria para el campo. Tras el estallido del movimiento revolucionario en 1910, se unió a las fuerzas constitucionalistas encabezadas por Venustiano Carranza. Su talento militar quedó demostrado durante las campañas contra las tropas de Francisco Villa, especialmente en las batallas de Celaya de 1915, consideradas por historiadores como Friedrich Katz entre los enfrentamientos decisivos que definieron el triunfo del constitucionalismo.
Durante una de esas campañas perdió el brazo derecho a consecuencia de la explosión de una granada en la Batalla de Santa Ana del Conde, hecho que se convirtió en uno de los rasgos más distintivos de su figura pública.
En 1920 encabezó, junto con otros líderes sonorenses, el Plan de Agua Prieta, mediante el cual desconoció al gobierno de Venustiano Carranza. El movimiento culminó con la caída del presidente y abrió el camino para que Obregón asumiera la Presidencia de la República ese mismo año. Según la historiadora Josefina Zoraida Vázquez, su administración fue fundamental para iniciar la reconstrucción del país después de una década de guerra civil.
Durante su gobierno (1920-1924) impulsó políticas de modernización económica, promovió la reorganización del ejército y fortaleció la educación pública bajo el liderazgo de José Vasconcelos, quien fundó la Secretaría de Educación Pública en 1921. Asimismo, apoyó el surgimiento del movimiento muralista encabezado por artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, utilizando el arte como una herramienta para fortalecer la identidad nacional.
Después de concluir su mandato cedió la presidencia a Plutarco Elías Calles. Sin embargo, en 1927 el Congreso aprobó una reforma constitucional que permitió la reelección no consecutiva, haciendo posible que Obregón contendiera nuevamente por la Presidencia. Su candidatura generó fuertes críticas entre diversos sectores políticos y militares, al considerar que contradecía uno de los principios surgidos de la Revolución.
El contexto político era especialmente tenso. México atravesaba la Guerra Cristera, conflicto derivado de la aplicación de las disposiciones anticlericales de la Constitución de 1917 y de la llamada Ley Calles. Diversos grupos radicalizados responsabilizaban al gobierno de la persecución religiosa y veían en Obregón la continuidad del proyecto político callista.
El 1 de julio de 1928, Álvaro Obregón ganó las elecciones presidenciales y se preparaba para asumir el cargo el 1 de diciembre. Sin embargo, el 17 de julio asistió a un banquete ofrecido en su honor en el restaurante La Bombilla. Durante la comida fue atacado por José de León Toral, un caricaturista vinculado a grupos católicos radicales, quien aprovechó la oportunidad de mostrarle unos supuestos dibujos para dispararle a corta distancia. Obregón murió prácticamente de manera instantánea.
Las investigaciones posteriores concluyeron que José de León Toral actuó motivado por convicciones religiosas y por su oposición al régimen revolucionario. No obstante, el asesinato ha sido objeto de numerosos estudios históricos debido a las dudas que durante décadas persistieron sobre la posible existencia de autores intelectuales. Investigaciones de El Colegio de México y del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México coinciden en que, aunque continúan existiendo distintas interpretaciones, no se ha encontrado evidencia documental concluyente que modifique la versión oficialmente aceptada.
La muerte de Obregón transformó el rumbo político del país. Al quedar vacante la Presidencia antes de iniciar el nuevo periodo constitucional, el presidente Plutarco Elías Calles impulsó un proceso de reorganización institucional para evitar nuevos enfrentamientos entre los caudillos revolucionarios. En 1929 promovió la creación del Partido Nacional Revolucionario, antecedente directo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Para el historiador Daniel Cosío Villegas, este hecho marcó el tránsito del poder basado en los liderazgos militares hacia un sistema sustentado en instituciones políticas.
El sitio donde ocurrió el atentado fue transformado posteriormente en el Monumento a la Revolución de La Bombilla, hoy Parque de la Bombilla, espacio que conserva un monumento dedicado al general sonorense y recuerda uno de los episodios más trascendentales de la historia política del México moderno.
Fuente: Diario Avance
