DAVID MORALES
Durante décadas, la ciudad de Lopburi fue promocionada como uno de los destinos más peculiares de Thailand. Sus calles repletas de macacos convivían con turistas, templos antiguos y comerciantes locales hasta que aquello que comenzó como un símbolo cultural terminó transformándose en un problema urbano que alteró la vida cotidiana de miles de habitantes.
El centro de la situación se encuentra alrededor de Phra Prang Sam Yot, un templo de origen jemer construido durante el siglo XIII. De acuerdo con el Departamento de Bellas Artes de Tailandia, la zona ha sido históricamente habitada por macacos de cola larga (Macaca fascicularis), animales que con el paso del tiempo fueron integrados a la identidad cultural y turística de la ciudad.
Especialistas del Departamento de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Conservación Vegetal de Tailandia señalan que el problema moderno comenzó a desarrollarse conforme aumentó la alimentación humana hacia los monos. Comerciantes, visitantes y festivales turísticos alimentaban constantemente a las colonias, modificando su comportamiento natural y acelerando su reproducción.
Uno de los eventos más representativos fue el “Monkey Buffet Festival”, celebrado desde finales de los años ochenta y promovido como atractivo internacional. Según la Autoridad de Turismo de Tailandia, el festival atraía visitantes mediante enormes banquetes de frutas y vegetales ofrecidos directamente a los macacos frente a los templos históricos.
La situación cambió drásticamente durante la pandemia de COVID-19. La caída del turismo dejó a miles de macacos sin la fuente constante de alimento a la que se habían acostumbrado durante décadas. Investigadores y autoridades tailandesas documentaron que las colonias comenzaron a desplazarse agresivamente hacia mercados, viviendas y calles para buscar comida.
Las consecuencias transformaron la dinámica urbana de Lopburi. Habitantes comenzaron a instalar rejas, mallas y protecciones metálicas en viviendas y comercios debido a las invasiones constantes de los animales. Algunos residentes denunciaron robos de alimentos, teléfonos móviles y productos de tiendas, mientras comerciantes reportaron pérdidas económicas derivadas de daños a mercancías e infraestructura.
Videos difundidos internacionalmente mostraron enfrentamientos entre grupos de macacos en plena vía pública, imágenes que terminaron por convertir a Lopburi en símbolo global del conflicto entre fauna silvestre y urbanización. Especialistas en ecología urbana de la Universidad de Chulalongkorn han explicado que la dependencia alimentaria creada por humanos puede alterar la estructura social de los primates y aumentar la competencia agresiva por recursos.
Además de los daños materiales, autoridades sanitarias advirtieron riesgos relacionados con mordeduras, transmisión de enfermedades y contacto excesivo entre humanos y fauna silvestre. El Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos identifica al Macaca fascicularis como una especie ampliamente estudiada debido a su cercanía frecuente con poblaciones humanas en Asia.
Ante la crisis, el gobierno tailandés implementó campañas de captura, esterilización y reubicación de macacos bajo supervisión veterinaria. El Departamento de Parques Nacionales informó que parte de las colonias fueron trasladadas a recintos especiales con el objetivo de disminuir la densidad de animales dentro de la ciudad.
Pese a las medidas, Lopburi continúa enfrentando un dilema complejo. Mientras algunos habitantes consideran a los monos una amenaza para la seguridad y la economía local, otros sostienen que forman parte inseparable de la identidad histórica y cultural de la ciudad. El caso se convirtió así en uno de los ejemplos más visibles de cómo el turismo, la urbanización y la intervención humana pueden transformar radicalmente el comportamiento de la fauna silvestre.
Fuente: Diario Avance
