Villahermosa, Tabasco

David Morales

En enero de 1999, mientras millones de mexicanos se preparaban para recibir a Juan Pablo II en su cuarta visita al país, un detalle llamó particularmente la atención entre tiendas y supermercados. Dentro de las bolsas de Sabritas comenzaron a aparecer estampitas religiosas con imágenes del pontífice y de la Virgen de Guadalupe, acompañadas de una promoción coleccionable que con el paso del tiempo terminaría convirtiéndose en uno de los recuerdos más extraños y nostálgicos de finales de los noventa.

La campaña no fue un rumor ni una exageración colectiva. Medios internacionales como El País documentaron en su momento que la imagen del papa apareció en alrededor de 90 millones de bolsas de Sabritas distribuidas en México durante la visita papal. Además, el diario español reportó la fabricación de estampas y medallitas alusivas al evento, como parte de una amplia estrategia comercial impulsada alrededor de la llegada del líder de la Iglesia católica. (elpais.com)

La visita de Juan Pablo II representó uno de los eventos religiosos y mediáticos más importantes de la década en México. Empresas privadas como Pepsi, Bimbo, Kodak y Hewlett-Packard participaron como patrocinadores oficiales de distintas actividades relacionadas con el viaje apostólico, en una época donde la figura del pontífice mantenía una popularidad enorme entre la población mexicana. La estrategia comercial alcanzó desde anuncios espectaculares hasta mercancía conmemorativa y promociones dirigidas al público joven.

En ese contexto surgieron las estampitas distribuidas por Sabritas. Diversos testimonios y materiales preservados por coleccionistas señalan que las imágenes podían guardarse en un pequeño álbum o porta estampas que acompañaba la dinámica promocional. Algunas incluían frases religiosas y representaciones tanto del papa como de símbolos guadalupanos, mezclando el formato clásico de las promociones coleccionables de frituras con elementos de devoción católica.

La campaña generó críticas desde distintos sectores. Medios estadounidenses como Los Angeles Times señalaron entonces el uso comercial de símbolos religiosos y cuestionaron la manera en que la visita papal estaba siendo aprovechada por grandes corporaciones para promocionar productos de consumo. Sin embargo, el fenómeno continuó creciendo impulsado por el entusiasmo popular que rodeaba la llegada de Juan Pablo II al país.

Con el paso de los años, las llamadas “papas del Papa” terminaron convirtiéndose en una curiosidad de la cultura popular mexicana. En años recientes, videos de bolsas selladas de 1999 encontrados por coleccionistas y usuarios de TikTok reactivaron el recuerdo colectivo de aquella promoción, provocando sorpresa entre generaciones más jóvenes que difícilmente imaginan una campaña religiosa dentro de productos de botana. Para muchos usuarios en redes sociales, aquellas estampitas permanecieron durante años como un recuerdo borroso que parecía demasiado extraño para haber sido real.

Hoy, más de dos décadas después, la promoción sigue siendo vista como una muestra muy particular del México de finales de los noventa. Un momento donde la mercadotecnia masiva, el fervor religioso y la cultura pop convivieron al grado de convertir unas simples bolsas de frituras en objetos de colección ligados a una de las visitas papales más importantes en la historia contemporánea del país.

Fuente: Diario Avance

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