Villahermosa, Tabasco
Miraldelly Marín ante el mar que no cesa

MIRADA FOTOGRÁFICA

La propuesta fotográfica individual no ha recibido la atención que merece el trabajo de esta autora, originaria de Centla y promotora de la formación artística con la cámara en mano, de mirada sosegada, de composiciones afinadas a lo largo de muchos 
de trabajo.

Este conjunto de fotografías a color a las que llama postales, realizadas desde el año 2023 hasta mayo de 2026, vemos imágenes de puertas que miran al piélago, casas vacías, escombros, vegetación ahogada por el agua y rostros de algunos de sus últimos habitantes.

El muestrario está acompañado de otro texto -que está en la sala- titulado El Bosque, escrito por Armando Hernández de la Cruz quien nos habla de la geografía, de la historia, y de la memoria “que todavía respira”.

Hay lugares cuyo nombre promete un paisaje. El bosque todavía cumple esa promesa, aunque hoy lo haga desde la memoria más que desde la geografía, dice el cronista.

“El mismo mar que durante generaciones había regalado sustento empezó también, con una paciencia implacable, a llevarse la tierra. Sin estridencias fue borrando calles, patios, árboles, la escuela y viviendas. Marea tras marea, desplazó la frontera entre el agua y la vida cotidiana, hasta dejar a la memoria la tarea de custodiar aquello que la geografía ya no podía sostener”.

“Las fotografías de Miraldelly Marín, sin embargo, eligen otro camino. No buscan explicar el desastre, sino acercarse a aquello que permanece cuando casi todo parece haberse ido. Ahí donde la noticia registra un hecho, la fotografía conserva una forma de habitar el mundo. Ahí donde el dato señala una pérdida, la imagen descubre la persistencia de una mirada, de una ausencia habitada, de un territorio que todavía late en quienes lo hicieron suyo.

“Cada puerta abierta hacia el horizonte parece seguir esperando el regreso de alguien. Cada ventana guarda un fragmento del paisaje que un día fue cotidiano. Los muros agrietados todavía guardan el eco de las conversaciones, las risas de las niñas y los niños, las celebraciones familiares. Los árboles, desnudos frente al oleaje, permanecen de pie como si custodiaran un antiguo secreto: que existen raíces capaces de resistir incluso cuando la tierra desaparece ?bajo sus pies.

Hernández de la Cruz aporta esa otra parte de la percepción conceptual de la fotografía, es el lado de la familiaridad de lo vivido. Con la exacta presión de lo que ve el que vive, expone: En estas imágenes, el vacío nunca está vacío. Respira memoria.

De las exposiciones que hay en la ciudad, esta bien vale una 
visita pausada.

Fuente: Diario Presente – Cultura

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