
MIRADA FOTOGRÁFICA
- En una sala de cinco por cinco metros cabe el mar y tiene cabida también el derrumbe que no cesa gracias a la mirada fotográfica de la tabasqueña Miraldelly Marín, quien retrata desde la estética visual pero sin caer en el catastrofismo la colonia El Bosque, ubicada en el municipio de Centla, Tabasco; hay melancolía y algo de solidaridad instantánea en ese muro de lamentaciones en que se convierte la mampara con una colección de fotografías dispuestas en forma de mosaico en el que dialogan personajes y paisajes derruidos.
- Al mirar la exposición individual “Paisaje de un mar que no cesa” Marín Amézquita que se presenta en la planta baja de la Galería El Jaguar despertado -se inauguró el pasado 24 de julio se levanta el próximo lunes 24 de agosto de 2026- lo primero que se establece en el observador es la crisis climática que vive el planeta y la impotencia apaciguada en el rostro de los habitantes pero sin fatalismo ni moralismos, la cámara registra pero se subordina a la estética. Y es un grito.,
La propuesta fotográfica individual no ha recibido la atención que merece el trabajo de esta autora, originaria de Centla y promotora de la formación artística con la cámara en mano, de mirada sosegada, de composiciones afinadas a lo largo de muchos de trabajo.
- “Paisaje de un mar que no cesa atestigua los efectos del cambio climático al ver desaparecer en pocos años la playa, tres calles, casas, escuelas e iglesia, sumándose a la deforestación intensiva de manglares de la zona desde que, por decreto presidencial, se declaró territorio para la fundación de una cooperativa pesquera” refiere en su texto la autora en el texto de portafolio que se puede leer escaneando el código QR que se comparte en la sala.
Este conjunto de fotografías a color a las que llama postales, realizadas desde el año 2023 hasta mayo de 2026, vemos imágenes de puertas que miran al piélago, casas vacías, escombros, vegetación ahogada por el agua y rostros de algunos de sus últimos habitantes.
- “Evoca la persistencia de la naturaleza frente a la fragilidad humana, pero también constituye la memoria visual de la transformación de un paisaje que en mi niñez y en la de muchos habitantes de la Ciudad de Frontera significó el espacio de convivencia familiar con un mar que parecía conocer sus límites”, reflexiona sobre sus postales de los escombros.
El muestrario está acompañado de otro texto -que está en la sala- titulado El Bosque, escrito por Armando Hernández de la Cruz quien nos habla de la geografía, de la historia, y de la memoria “que todavía respira”.
Hay lugares cuyo nombre promete un paisaje. El bosque todavía cumple esa promesa, aunque hoy lo haga desde la memoria más que desde la geografía, dice el cronista.
- Y nos platica como nació El Bosque: En 1980, ocho familias llegaron a esta costa de Centla siguiendo el llamado del mar. Traían consigo sus lanchas, sus redes y ese conocimiento silencioso que sólo poseen quienes aprendieron a leer las mareas antes que los calendarios. Entre el manglar, la arena y el viento levantaron sus primeras casas, convencidos de que el horizonte también podía convertirse en hogar.
- Nació “no sólo como un asentamiento de pescadores, sino como una manera de pertenecer al litoral. El mar alimentaba los cuerpos; el bosque ofrecía sombra, abrigo y arraigo. Entre ambos fue creciendo una comunidad donde las mañanas comenzaban con el rumor de los motores y las tardes regresaban, lentamente, al compás de lanchas. Con el paso del tiempo, el paisaje comenzó a escribir otra historia.
“El mismo mar que durante generaciones había regalado sustento empezó también, con una paciencia implacable, a llevarse la tierra. Sin estridencias fue borrando calles, patios, árboles, la escuela y viviendas. Marea tras marea, desplazó la frontera entre el agua y la vida cotidiana, hasta dejar a la memoria la tarea de custodiar aquello que la geografía ya no podía sostener”.
- Desde entonces, relata, El Bosque ha sido protagonista de titulares y reportajes. Se ha hablado de la erosión costera, del desplazamiento de las familias, de las casas perdidas y de la reubicación de una comunidad convertida en símbolo de la crisis climática. “Era una historia necesaria” para los diarios que venden la catástrofe en sus páginas.
“Las fotografías de Miraldelly Marín, sin embargo, eligen otro camino. No buscan explicar el desastre, sino acercarse a aquello que permanece cuando casi todo parece haberse ido. Ahí donde la noticia registra un hecho, la fotografía conserva una forma de habitar el mundo. Ahí donde el dato señala una pérdida, la imagen descubre la persistencia de una mirada, de una ausencia habitada, de un territorio que todavía late en quienes lo hicieron suyo.
“Cada puerta abierta hacia el horizonte parece seguir esperando el regreso de alguien. Cada ventana guarda un fragmento del paisaje que un día fue cotidiano. Los muros agrietados todavía guardan el eco de las conversaciones, las risas de las niñas y los niños, las celebraciones familiares. Los árboles, desnudos frente al oleaje, permanecen de pie como si custodiaran un antiguo secreto: que existen raíces capaces de resistir incluso cuando la tierra desaparece ?bajo sus pies.
Hernández de la Cruz aporta esa otra parte de la percepción conceptual de la fotografía, es el lado de la familiaridad de lo vivido. Con la exacta presión de lo que ve el que vive, expone: En estas imágenes, el vacío nunca está vacío. Respira memoria.
De las exposiciones que hay en la ciudad, esta bien vale una visita pausada.
- MIRALDELLY MARÍN AMÉZQUITA Es originaria del Puerto de Frontera, Centla, Tabasco. Licenciada en Ciencias de la Educación, Maestra en Docencia e Investigación y candidata al doctorado en Humanidades y Artes. En el campo de la fotografía inicia sus estudios en el Centro de Comunicación de la UJAT en 1998. Obtiene la Beca de Creadores tabasqueños en los periodos 1999, 2006, y en el año 2019. Ganó el Premio Estatal de Fotografía Jaime Tirado 2006, en 2011 se integra al Seminario de Fotografía Contemporánea en el CASA Oaxaca y Centro de la Imagen México. Su trabajo fotográfico ha sido incluido en muestras colectivas desde 1999 en diversos recintos de las ciudades de Villahermosa, México, Guadalajara, Querétaro y Chiapas.
Fuente: Diario Presente – Cultura
