🎙️ El Choco Comenta
"El Tianguis que cumple 50 años y que "sigue siendo un espacio donde nos encontramos" es una celebración que va mucho más allá del comercio. Los tianguis son una de las instituciones más antiguas y resilientes de la cultura mexicana: mercados que preceden a la conquista española, donde el intercambio no es solo de mercancías sino de información, de noticias, de relaciones sociales y de la vida comunitaria que define a un pueblo. Desde Choco Informado celebramos los 50 años de este tianguis porque son un testimonio de que las formas de convivencia y comercio tradicionales siguen siendo relevantes en el siglo XXI, a pesar de la competencia de los supermercados, el comercio en línea y los centros comerciales. El tianguis ofrece algo que ninguna de esas alternativas puede replicar: la experiencia física del regateo, el encuentro con el vendedor que lleva décadas en el mismo puesto, el hallazgo inesperado del producto que no sabías que necesitabas. En Tabasco, los tianguis y mercados populares son parte del tejido económico y social de las comunidades. Desde el mercado Pino Suárez en Villahermosa hasta los mercados semanales de los municipios, estos espacios son donde se puede encontrar la gastronomía local, los productos del campo tabasqueño y artículos que no existen en ningún otro formato comercial. La frase "seguimos encontrándonos" captura algo esencial de lo que significa un tianguis que cumple medio siglo: es un punto de encuentro que trasciende las generaciones, donde los hijos y nietos de quienes iban a comprar hace cincuenta años siguen yendo, y donde las relaciones entre vendedores y compradores son a veces más largas que muchas amistades formales. Desde Choco Informado felicitamos a quienes han construido y sostenido este tianguis durante 50 años y lo seguiremos considerando parte del patrimonio cultural e histórico de su comunidad."
En dos semanas, el Tianguis Turístico cumplirá 50 años.
Medio siglo de una idea que, en esencia, sigue siendo la misma: reunir en un mismo lugar a quienes promueven el producto turístico mexicano con quienes buscan incorporarlo a sus mercados. Una lógica simple, directa, casi intuitiva. Sin embargo, lo que ocurre en el Tianguis nunca ha sido solo eso.
Quienes hemos asistido año con año lo entendemos de otra manera. Más allá de las citas, las agendas y los pabellones, el Tianguis se convirtió con el tiempo en un espacio de reencuentro. Un punto donde coinciden trayectorias, se cruzan historias y se renuevan relaciones que, en muchos casos, llevan décadas construyéndose. Existe algo difícil de definir, pero fácil de reconocer: una comunidad. Una especie de familia del turismo, con todas sus virtudes y contradicciones. Con inercias, con resistencias, con cambios que a veces llegan tarde y otros que sorprenden. Una comunidad que ha crecido en paralelo al evento y que, en buena medida, explica por qué el Tianguis sigue siendo relevante.
Eso no se diseña. Eso sucede.
A lo largo de los años, el evento ha evolucionado como lo hacen muchas plataformas exitosas. Creció, se sofisticó, se volvió más vistoso. Los pabellones comenzaron a competir entre sí, las inauguraciones adquirieron mayor protagonismo y la narrativa institucional fue ocupando espacios cada vez más visibles.
En ese proceso, también cambió la forma en que se percibe el éxito: En algún punto, el Tianguis empezó a medirse más por lo que se mostraba que por lo que realmente ocurría dentro de las reuniones. México aprendió a proyectar una imagen potente, a montar escenarios de alto impacto y a generar presencia. Lo que no siempre logró con la misma disciplina fue entender y medir el valor de las conversaciones que daban sentido al evento.
Confundimos visibilidad con relevancia.
El modelo comercial tampoco permaneció intacto. Durante muchos años, la lógica giró en torno a atraer compradores mayoristas, principalmente tour operadores, bajo esquemas de hosted buyers. Ese modelo respondía a una realidad que dominaba la distribución turística en su momento. Esa realidad cambió. Hoy los canales son más diversos, los perfiles más especializados y la toma de decisiones mucho más fragmentada. Adaptarse a esa transformación ha sido un proceso gradual, no exento de resistencias. Quienes hemos estado cerca del Tianguis sabemos que cambiarlo nunca ha sido sencillo.
Basta recordar una pregunta que aparecía cada año, casi como ritual: ¿debería salir de Acapulco? La respuesta era, invariablemente, no. El Tianguis era Acapulco y Acapulco era el Tianguis. La idea de moverlo resultaba incómoda, innecesaria, incluso impensable. Hasta que dejó de serlo. Hoy, en su 50 aniversario, el evento regresa, una vez más, a su sede original. El gesto tiene algo de simbólico, pero también de revelador.
Hay otro aspecto que también merece reflexión.
El Tianguis se ha consolidado como una gran plataforma del turismo, pero no necesariamente de todas las industrias que hoy conviven dentro de ese universo. La industria de reuniones, por ejemplo, responde a dinámicas distintas, con otros actores, otros procesos y otros objetivos. Su presencia en el Tianguis ha sido más tangencial que estratégica, lo que refleja una realidad más amplia: el turismo ya no es un bloque homogéneo, sino un sistema más complejo, más segmentado y exigente.
Aun así, el Tianguis sigue funcionando.
No porque sea perfecto, sino porque conserva algo que no siempre se mide: la capacidad de reunirnos. De vernos, de conversar sin intermediarios, de reconstruir confianza en un entorno donde los procesos cambian, la tecnología avanza y los mercados evolucionan. Ese valor humano no solo permanece. Se vuelve más importante. En un momento en el que gran parte de la industria opera a través de plataformas digitales, algoritmos y procesos automatizados, el hecho de encontrarse cara a cara sigue teniendo un peso distinto. No sustituye lo demás, pero lo complementa de una forma que difícilmente se puede replicar. Ahí radica su vigencia.
El Tianguis no es solo un espacio donde se promueve producto turístico. Es un punto donde se conectan personas, se ajustan percepciones y se construyen relaciones que terminan definiendo decisiones.
Por eso, a dos semanas de su edición número 50, la invitación no debería ser solo a asistir. Conviene observarlo con mayor atención. Entender lo que sigue funcionando, lo que necesita evolucionar y, sobre todo, el papel que cada uno de nosotros juega dentro de ese ecosistema.
El Tianguis no es un evento que le sucede a la industria.
Es un espacio que la industria construye año con año.
Después de cinco décadas, el reto no está sólo en celebrarlo.
Está en participar en lo que sigue.
Quizá por eso seguimos regresando: no solo por lo que buscamos, sino por lo que sabemos que solo ahí puede volver a suceder.
Fuente: El Momento Tabasco
