David Morales / AVANCE
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una jornada dedicada a generar conciencia sobre uno de los problemas de salud pública más complejos y a promover acciones que permitan prevenir muertes, reducir el estigma y facilitar que las personas en situaciones de crisis puedan recibir atención oportuna. La fecha fue establecida en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, con el propósito de colocar el tema en la agenda de gobiernos, instituciones y sociedad.
Para 2026, la campaña internacional llega al último año de su lema trienal «Cambiar la narrativa sobre el suicidio», acompañado por el llamado «Iniciar la conversación». La propuesta busca pasar del silencio y los prejuicios a conversaciones abiertas, empáticas y responsables, además de impulsar políticas públicas que fortalezcan la salud mental y la atención basada en evidencia. La OMS estima que más de 720 mil personas mueren cada año por suicidio en el mundo, una cifra que muestra la dimensión internacional del problema.
La prevención requiere entender que el comportamiento suicida no responde a una sola causa. La Secretaría de Salud mexicana señala que en él pueden intervenir factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales. Por ello, reducir el problema no depende exclusivamente de la atención psiquiátrica, sino también de la identificación temprana de situaciones de riesgo, el acompañamiento, la disminución del estigma y la existencia de servicios de atención accesibles.
En México, las estadísticas muestran que se trata de una problemática que merece atención permanente. De acuerdo con las «Estadísticas a propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio», publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2025, durante 2024 se registraron 8 mil 856 defunciones por suicidio entre personas de 10 años y más. La tasa fue de 6.8 casos por cada 100 mil habitantes, superior a la registrada en 2014, cuando fue de 5.1, y a la de 2019, de 5.6.
La diferencia por sexo también es significativa. En 2024 la tasa fue de 11.2 suicidios por cada 100 mil hombres y de 2.6 entre mujeres. Por grupos de edad, las tasas más elevadas correspondieron a las personas de 30 a 44 años, con 10.7 por cada 100 mil habitantes, seguidas por quienes tenían entre 15 y 29 años, con 10.2.
El panorama adquiere especial relevancia en Tabasco. Los datos del INEGI para 2024 colocaron al estado con una tasa estandarizada de 9.9 suicidios por cada 100 mil habitantes, por encima de la tasa nacional de 6.8. En sus análisis de 2025, la Secretaría de Salud también señaló a Tabasco entre las entidades donde se observó un incremento, junto con Chihuahua, Aguascalientes, Yucatán y Jalisco.
Estas cifras no deben interpretarse únicamente como estadísticas. Cada registro representa una pérdida que puede afectar a familias, amistades, comunidades, espacios escolares y laborales. De ahí que la prevención también implique modificar la manera en que se habla del suicidio. La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones ha insistido en la importancia de escuchar sin juzgar, mostrar empatía y facilitar que quienes atraviesan una situación de sufrimiento puedan acercarse a servicios profesionales.
En este sentido, la prevención no significa solamente reconocer una crisis cuando ya se encuentra presente. También comprende fortalecer la salud mental, combatir el aislamiento, atender oportunamente problemas emocionales, reducir el consumo perjudicial de sustancias, capacitar a profesionales y miembros de la comunidad y generar entornos donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza.
En México existe la Línea de la Vida, servicio de la Secretaría de Salud operado por la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones. El número 800 911 2000 ofrece orientación especializada en salud mental y adicciones las 24 horas del día, los 365 días del año, y puede atender tanto a quien atraviesa una situación de crisis como a familiares o personas cercanas que necesitan orientación. En situaciones de emergencia también puede recurrirse al 911.
La propia Secretaría de Salud ha señalado que la prevención requiere la participación de distintos sectores, desde profesionales de la salud y docentes hasta familias, comunidades y medios de comunicación. Esta última dimensión resulta especialmente importante porque una cobertura irresponsable puede contribuir al estigma, mientras que una comunicación cuidadosa puede ayudar a orientar hacia servicios de apoyo y favorecer conversaciones que antes permanecían ocultas.
Fuente: Diario Avance
