Villahermosa, Tabasco

David Morales

Cada 19 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Fotografía, una fecha que recuerda uno de los avances tecnológicos que modificaron la manera en que la humanidad registra, conserva y comunica su propia historia. La elección del día se relaciona con el 19 de agosto de 1839, cuando el gobierno francés hizo público el procedimiento del daguerrotipo, desarrollado por Louis Daguerre a partir de los trabajos iniciados por Joseph Nicéphore Niépce.

Aunque Niépce ya había conseguido imágenes mediante procedimientos fotoquímicos, su proceso requería exposiciones extremadamente prolongadas. La UNAM, en el artículo “La fotografía científica. Historia y vínculo con la divulgación”, de Víctor Gálvez Díaz, explica que Daguerre continuó las investigaciones después de la muerte de Niépce y desarrolló el daguerrotipo, que empleaba una placa de cobre recubierta de yoduro de plata y permitía reducir considerablemente los tiempos de exposición. La presentación del procedimiento ante la Academia de Ciencias de Francia en 1839 abrió el camino para la expansión de la fotografía como herramienta científica, artística y documental.

La fotografía llegó prácticamente de inmediato a México. Investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia señalan que el primer daguerrotipo arribó al puerto de Veracruz en diciembre de 1839, apenas cuatro meses después de la presentación del invento en Francia. Entre las primeras imágenes se encuentran vistas de la bahía de Veracruz y de la fortaleza de San Juan de Ulúa. El propio INAH conserva actualmente ese registro, considerado el primer daguerrotipo realizado en el puerto.

Durante las décadas siguientes, la nueva tecnología comenzó a modificar la manera de representar el territorio y a sus habitantes. Los primeros fotógrafos establecidos en México fueron principalmente extranjeros, aunque para 1844 ya existe registro de Joaquín Díaz González como fotógrafo mexicano de oficio, de acuerdo con investigaciones difundidas por el INAH. El retrato se convirtió rápidamente en uno de los géneros más populares, mientras que las fotografías de paisajes, edificios, zonas arqueológicas y acontecimientos políticos comenzaron a construir un registro visual del México del siglo XIX

Su valor no se limitó al ámbito artístico. La investigadora Rebeca Monroy Nasr, en su artículo “Matices fotográficos en el México del siglo XX”, publicado en la revista Antropología del INAH, explica que la fotografía fue utilizada con fines científicos, didácticos, informativos y periodísticos, además de desempeñar un papel fundamental en la construcción de la identidad mediante el retrato.

La relación entre fotografía e historia resulta particularmente evidente en los archivos mexicanos. La Fototeca Nacional del INAH, considerada uno de los principales repositorios fotográficos de América Latina, resguarda actualmente más de un millón de piezas fotográficas distribuidas en decenas de fondos. Entre ellas se encuentra un daguerrotipo de 1847 que registra la amputación de la pierna del sargento Bustos realizada por el médico Pedro Vander Linden durante la batalla de Cerro Gordo. Este tipo de documentos permite estudiar acontecimientos históricos desde una perspectiva distinta a la de los textos escritos.

Algo similar ocurre con el Archivo Histórico de la UNAM, que conserva más de 1.5 millones de fotografías y documentos, entre ellos daguerrotipos, ambrotipos y ferrotipos del siglo XIX. Para sus especialistas, las fotografías constituyen testimonios que permiten reconstruir aspectos de la vida cotidiana, personajes, espacios urbanos y acontecimientos que de otra manera podrían haberse perdido.

La fotografía también transformó la percepción de la realidad. Como señala el artículo “La fotografía: de la imagen fiel de la realidad a la imagen transdimensional”, publicado en la Revista Digital Universitaria, durante sus primeros años se consideraba que una fotografía reproducía objetivamente aquello que estaba frente a la cámara. Sin embargo, la elección del encuadre, iluminación, momento y composición demuestra que toda fotografía implica también una decisión de quien la realiza. La imagen puede convertirse así en documento, obra artística o instrumento de comunicación, pero nunca es completamente ajena a la mirada de su autor.

En la actualidad, la fotografía dejó de ser una actividad reservada a especialistas. Los teléfonos celulares permiten producir y distribuir imágenes instantáneamente, mientras que las cámaras digitales, drones y herramientas de edición han ampliado sus posibilidades. Sin embargo, como señaló la investigadora de la UNAM Edith Vázquez, pese a los cambios tecnológicos permanece el principio fundamental de capturar una imagen mediante luz y un sistema óptico.

En México, esa evolución convive con una importante responsabilidad de conservación. Instituciones como el INAH y la UNAM han desarrollado fototecas, archivos y programas especializados para preservar materiales que pueden deteriorarse por el paso del tiempo. La fotografía contemporánea puede almacenarse digitalmente, pero las imágenes históricas sobre vidrio, metal, papel o película requieren procesos especializados de conservación.

Fuente: Diario Avance

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