Villahermosa, Tabasco

David Morales / AVANCE

Cada 25 de agosto se conmemora el Día Internacional del Peluquero, una fecha dedicada a reconocer a quienes ejercen un oficio relacionado históricamente con el cuidado del cabello, la imagen personal y, durante siglos, también con prácticas de barbería. Aunque su origen suele relacionarse con la figura del rey francés Luis IX, la historia de la fecha tiene también un antecedente gremial documentado en Argentina, por lo que su carácter de celebración «internacional» no responde a una proclamación única de un organismo mundial.

La tradición que vincula la fecha con Luis IX señala que el monarca francés, fallecido el 25 de agosto de 1270, habría contribuido a elevar la posición social de su peluquero al reconocerlo como hombre libre. Sin embargo, esta explicación se ha difundido principalmente como tradición histórica y no debe confundirse con el origen documentado de la celebración moderna. En Argentina, por ejemplo, el 25 de agosto de 1877 se realizó en Buenos Aires una reunión de profesionales que condujo a la creación de la Sociedad de Barberos y Peluqueros, mientras que en 1940, durante un Congreso Nacional de Peluqueros celebrado en Pergamino, se estableció oficialmente esa fecha como Día del Peluquero.

El oficio, sin embargo, es considerablemente más antiguo. El cuidado y arreglo del cabello ha acompañado a distintas sociedades desde la Antigüedad y durante buena parte de la historia estuvo vinculado con la posición social. En Europa medieval y moderna, los barberos llegaron a desempeñar funciones que actualmente corresponden a otros profesionales, como la práctica de sangrías y determinadas intervenciones quirúrgicas. Con el desarrollo de la medicina moderna, esas actividades fueron separándose progresivamente del oficio y la barbería quedó concentrada en el cuidado personal.

En México, las peluquerías y barberías forman actualmente parte de una actividad económica considerable. El Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte, utilizado por el INEGI, identifica con el código 812110 a los «salones y clínicas de belleza y peluquerías», establecimientos dedicados principalmente a servicios de arreglo personal, entre ellos el cuidado del cabello.

La dimensión económica puede observarse en los registros del Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas. De acuerdo con Data México, plataforma de la Secretaría de Economía que utiliza información del DENUE, la rama que comprende salones de belleza, baños públicos y bolerías registró 310 mil 869 unidades económicas en mayo de 2026. En el primer trimestre de ese mismo año concentró alrededor de 2.31 millones de personas ocupadas, de las cuales 71.5 por ciento eran mujeres. Es importante precisar que estas cifras corresponden a toda la rama 8121 y no exclusivamente a peluquerías, por lo que no deben interpretarse como el número exacto de peluquerías existentes en México.

El propio INEGI señala que el DENUE permite conocer la ubicación, actividad económica y características de millones de establecimientos en el país, lo que permite dimensionar la presencia de estos negocios tanto en las grandes ciudades como en municipios pequeños.

La actividad también ha cambiado en sus funciones. La peluquería contemporánea ya no se limita al corte de cabello. El catálogo económico mexicano incluye dentro de esta clase servicios de cuidado y arreglo personal, mientras que en la práctica los establecimientos pueden incorporar peinados, coloración, tratamientos capilares y otros servicios estéticos. Esta transformación refleja cómo un oficio tradicional se ha convertido en una actividad vinculada con la moda, la identidad y el consumo.

En México, además, las peluquerías y barberías han tenido una presencia importante como espacios de convivencia. Durante buena parte del siglo XX, las barberías funcionaron como lugares donde, además del corte y afeitado, circulaban conversaciones sobre acontecimientos locales, política, deportes y vida cotidiana. Su función social ayudó a convertirlas en parte del paisaje urbano de ciudades y comunidades.

En estados como Tabasco, donde los pequeños comercios y servicios personales tienen una presencia importante en las zonas urbanas y rurales, el oficio mantiene esa dimensión cercana. Las peluquerías de barrio continúan siendo negocios generalmente pequeños que dependen de relaciones de confianza construidas durante años con sus clientes, al mismo tiempo que nuevas barberías y salones incorporan tendencias internacionales.

Fuente: Diario Avance

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