Villahermosa, Tabasco
Descubrimiento arqueológico revela prácticas de autosacrificio maya

Un hallazgo arqueológico realizado cerca del río Usumacinta, en las inmediaciones de Tenosique, podría aportar nuevas pistas sobre los rituales de autosacrificio practicados por las antiguas sociedades mayas.

Los objetos fueron encontrados en un área de aproximadamente tres hectáreas y su cercanía con distintos entierros llevó a los investigadores a estudiar su posible función dentro de prácticas rituales de la época prehispánica.

Aguijones utilizados en rituales de autosacrificio

De acuerdo con los especialistas, el autosacrificio fue una práctica documentada en el área maya entre aproximadamente 500 antes de nuestra era y 1520, mediante la cual las personas provocaban voluntariamente el sangrado de su propio cuerpo como ofrenda a seres sobrenaturales o como parte de procesos de purificación ritual.

En las Tierras Bajas del Sur, los aguijones de raya fueron utilizados como instrumentos para estas prácticas. La sangre obtenida podía ser recolectada y posteriormente quemada como parte del ritual, con un significado relacionado con el tránsito simbólico hacia el “otro mundo”.

El INAH señala que estas prácticas estaban relacionadas con el orden cosmogónico y se considera que eran realizadas principalmente por integrantes de las élites.

Una espina de bagre genera nuevas preguntas

Uno de los elementos que más interés despierta entre los investigadores es la espina de bagre, ya que este tipo de objeto es menos común en los registros relacionados con el autosacrificio.

La pieza fue localizada como parte de un entierro que contenía los restos de un adulto masculino. Los especialistas consideran que, por sus características, podría haber funcionado como instrumento punzocortante; sin embargo, todavía no pueden confirmar que haya sido utilizada específicamente para el autosacrificio.

Además, existe una diferencia que abre otra línea de investigación: mientras los aguijones corresponden a rayas de agua salada, la espina pertenece a un pez de agua dulce.

Los aguijones fueron identificados como pertenecientes a las familias Dasyatidae, conocidas como rayas látigo, y Myliobatidae, que incluye a las rayas águila. La espina de bagre corresponde a la familia Ictaluridae.

Piezas podrían haber sido ofrendas

Uno de los fragmentos de raya mide aproximadamente tres centímetros y fue localizado asociado con el entierro de un individuo. Presenta un aspecto pulido que los investigadores atribuyen al contacto con sedimentos, aunque no descartan que haya sido colocado deliberadamente como parte de una ofrenda funeraria.

Los otros fragmentos también presentan fracturas y características de desgaste o adhesión de sedimentos que actualmente son analizadas para determinar su relación con los entierros.

Para los especialistas, estos materiales no solo permiten estudiar las prácticas religiosas, sino también conocer cómo las antiguas poblaciones aprovecharon los recursos disponibles en su entorno.

La investigación continúa para establecer con mayor precisión qué función tuvieron las piezas, si fueron utilizadas durante rituales de autosacrificio o si formaron parte de ofrendas funerarias.

El hallazgo se suma a los resultados de los trabajos de salvamento arqueológico realizados en el Tramo 1 del Tren Maya, que comprende 226 kilómetros entre Palenque, Chiapas, y Escárcega, Campeche, y que han permitido documentar materiales que de otra manera podrían haber permanecido sin explorar.

Fuente: Diario Presente – Cultura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *