CUANDO LA LAGUNA SE QUEDA SIN AIRE
Hay imágenes que duelen porque nos recuerdan que la naturaleza también puede enfermar. En los últimos días, la Laguna de las Ilusiones, uno de los ecosistemas más emblemáticos de Villahermosa, volvió a ser escenario de una mortandad masiva de peces. Y aunque a veces la primera explicación que escuchamos es “se murieron por contaminación”, la realidad es un poco más compleja.
De acuerdo con especialistas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), en estos eventos pueden combinarse varios factores: la acumulación de nutrientes y materia orgánica, las altas temperaturas, las lluvias y el movimiento de los sedimentos. Todo esto puede provocar que disminuya considerablemente el oxígeno disuelto en el agua, hasta llegar a niveles en los que los peces simplemente ya no pueden sobrevivir.
Uno de los principales problemas es la eutrofización, que ocurre cuando llegan demasiados nutrientes al agua. Esto favorece el crecimiento excesivo de algas y otros organismos. Cuando toda esa materia orgánica comienza a descomponerse, consume oxígeno. Y si a esto le sumamos el calor, que hace que el agua pueda retener menos oxígeno, las condiciones se vuelven todavía más difíciles para los peces.
Las lluvias también tienen mucho que ver. El problema no es la lluvia en sí, sino todo aquello que el agua arrastra desde la ciudad: residuos, materia orgánica, nutrientes y otros contaminantes. Cuando estos materiales llegan a la laguna y se mezclan con los sedimentos del fondo, pueden aumentar todavía más el consumo de oxígeno.
Por eso, una mortandad de peces no debería verse solamente como un fenómeno aislado o como algo que ocurre “porque hizo mucho calor”. También es una señal de que nuestros cuerpos de agua están bajo presión.
La Laguna de las Ilusiones no es un simple paisaje. Es un ecosistema vivo donde habitan peces, aves, reptiles, plantas y muchas otras especies. Es parte de la identidad de Villahermosa y también de nuestra historia.
Y aquí todos tenemos una responsabilidad. Muchas veces pensamos que tirar una botella, una bolsa, aceite o algún residuo en la calle no tiene consecuencias. Pero lo que dejamos en el suelo puede terminar en una alcantarilla, después en un arroyo y finalmente en una laguna.
Lo que tiramos en tierra puede terminar en el agua. Por eso, cuidar nuestros ríos, lagunas, humedales y acuíferos no es solamente una tarea de las autoridades o de los investigadores. También comienza con pequeñas decisiones cotidianas: no tirar basura, evitar arrojar aceites o químicos al drenaje, reducir nuestros residuos y reportar posibles descargas de aguas residuales.
Quizá nunca podamos evitar que llueva, que haga calor o que ocurran procesos naturales dentro de una laguna. Pero sí podemos evitar que nuestras acciones hagan todavía más difícil la vida de quienes habitan en ella.
Cuidemos nuestros cuerpos de agua antes de que enfermen. Porque cuando una laguna se deteriora, no solamente pierde la naturaleza: también perdemos una parte de nosotros mismos.
La Laguna de las Ilusiones no necesita solamente que la contemplemos. Necesita que la cuidemos y aún estamos a tiempo.
POR: DAVID MONTIEL
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Fuente: Ahora Tabasco
