Patricia González/Desde el Cristal
Se acercan los tiempos electorales y ya vemos cierta publicidad de algunos partidos políticos en lugares públicos, propaganda hablando bien de sí mismos o mal de los partidos contrarios. Y esto apenas comienza. ¿Qué veremos en las distintas plataformas de los institutos políticos conocidos y aquellos por conocer? No esperamos gran cosa, propuestas plausibles difícilmente las conoceremos. Habrá promesas de campaña, muchas de ellas se quedarán en el olvido.
El mensaje a los ciudadanos es desgastante y se cae en la inercia de decidir por la candidata o el candidato “menos malo” de tal o cual partido político. Se corre el riesgo de volver a los dichos populares como el de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Por ello la mejor publicidad que puede hacer un gobierno es trabajar a través de proyectos sustentables y resultados que se reflejen en el bienestar de la población, sobre todo de aquellos sectores sociales más vulnerables.
No podemos olvidar que en las elecciones del 2018 los mexicanos se volcaron a votar a favor de un cambio pues el hartazgo de un partido hegemónico, incluyendo los dos sexenios panistas en la Presidencia de la República, fue una de las causas principales para que se hubiera dado un cambio de régimen. Este cambio de régimen significó una forma de gobierno diferente a las prácticas administrativas, en la distribución de los recursos públicos, en la planeación y ejecución de programas que tuvieran un alcance real en busca de mejorar las condiciones de vida de los mexicanos.
“Con la vara que mides serás medido”, es un proverbio popular que en cuestiones políticas se debe tener mucha cautela. Si la intención de los políticos es medirse con una vara muy larga para diferenciarse de los demás, también puede traer consecuencias adversas si no se tiene la capacidad de cumplir con las promesas y todo se quede en las buenas voluntades, ya que el pueblo hará lo propio para enjuiciar a quienes tenga que hacerlo.
Si un instituto político ofrece cambiar un sistema de gobierno se arriesga a declararse radical en muchos sentidos, además de ser congruente con su propia ideología. Un partido político conocido no puede ofrecer ni alentar a la gente a votar a su favor con la estratagema de una manera de gobernanza novedosa si en el fondo es un conservador que sólo se disfraza para obtener buenos resultados e incumplir sus promesas. Prometer no empobrece, dice otro dicho popular, pero la gente se cansa y no cumplir las promesas puede resultar contraproducente.
No se puede ofrecer nada que no tenga como punto de partida la realidad, y si la gente está bien y ve que los cambios prometidos son plausibles probablemente habrá una continuidad en los proyectos, de lo contrario la propaganda opositora permeará y provocará que no haya más oportunidades para consolidar aquello que es posible llevar a cabo.
EN LA MIRA
No se puede quedar en deuda con la gente, se debe cumplir a cabalidad con las promesas de campaña, no se debe engañar o desinformar para obtener cargos en el servicio público. Mejor es que las propuestas se analicen de acuerdo a la realidad y no se conviertan en promesas superficiales que sólo perjudican al país. Aprovechar lo que mejor se ha hecho, corregir lo malo y proponerse el combate a la marginación y el progreso para la mayoría.
Fuente: Diario Avance