David Morales
El 9 de agosto de 1569 murió en la Ciudad de México fray Toribio de Benavente, conocido como Motolinía, fraile franciscano, misionero y uno de los primeros cronistas de la Nueva España. Integrante de los llamados Doce franciscanos, que llegaron a México en 1524, dedicó buena parte de su vida a la evangelización de los pueblos indígenas y dejó testimonios fundamentales para conocer las sociedades originarias y las transformaciones provocadas por la conquista.
La fecha de su muerte, sin embargo, requiere una precisión. Aunque el 9 de agosto de 1569 es la fecha tradicionalmente utilizada en las efemérides mexicanas, el historiador franciscano Lino Gómez Canedo, en La muerte de Motolinía (Esclarecimiento de una incógnita), señaló las dificultades para establecerla con absoluta certeza. La propia Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha conservado y difundido esta discusión historiográfica.
Toribio de Benavente nació en Benavente, España, hacia finales del siglo XV. Ingresó en la orden franciscana y llegó a la Nueva España en 1524 junto con otros once religiosos encabezados por fray Martín de Valencia. La tradición señala que recibió el nombre de Motolinía, palabra náhuatl relacionada con la pobreza o humildad, después de que los indígenas observaran el aspecto austero de los frailes.
Su llegada ocurrió apenas tres años después de la caída de México-Tenochtitlan, en un territorio que experimentaba profundas transformaciones políticas, sociales y religiosas. Los franciscanos establecieron conventos, escuelas y centros de enseñanza, aprendieron lenguas indígenas y desarrollaron campañas de evangelización. Motolinía participó en estas actividades en regiones como Tlaxcala, Puebla y el Valle de México, además de otras zonas de la Nueva España.
Su importancia histórica se encuentra especialmente en sus escritos. En Historia de los indios de la Nueva España y en los Memoriales, describió aspectos de las comunidades indígenas, sus costumbres, formas de organización, prácticas religiosas, actividades económicas y las consecuencias de la conquista. La edición de los Memoriales preparada por Edmundo O’Gorman y publicada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM constituye una referencia fundamental para el estudio de su obra.
Estos textos poseen un valor excepcional porque fueron elaborados durante las primeras décadas del dominio español. Motolinía registró, entre otros aspectos, las epidemias, los cambios económicos, la evangelización y las difíciles condiciones que enfrentaban numerosas comunidades indígenas. Sin embargo, sus escritos deben leerse considerando que era un religioso del siglo XVI y que interpretaba los acontecimientos desde una perspectiva cristiana y evangelizadora.
Su relación con los pueblos originarios fue compleja. Motolinía cuestionó algunos abusos cometidos contra los indígenas y defendió que determinadas cargas y formas de explotación eran incompatibles con la labor evangelizadora. Esta posición ha contribuido a que sea considerado un defensor de los indígenas, aunque los especialistas advierten que no puede equipararse sin más con concepciones contemporáneas de los derechos humanos.
Uno de sus principales enfrentamientos intelectuales fue con fray Bartolomé de las Casas, quien sostenía posiciones más radicales respecto a la conquista y la protección de los indígenas. En 1555, Motolinía escribió una extensa carta al emperador Carlos V en la que criticó las ideas de Las Casas y defendió la labor evangelizadora franciscana. La controversia muestra que incluso dentro de las órdenes religiosas existían importantes diferencias sobre la forma en que debía organizarse la sociedad colonial.
La historiografía moderna ha revisado críticamente su figura. Investigaciones publicadas por la UNAM, como las de Gabriela Rodríguez-Sandoval, han mostrado la influencia de las ideas religiosas y apocalípticas en su pensamiento. Esto permite comprender que Motolinía fue simultáneamente observador de las sociedades indígenas y protagonista del proceso colonial que estaba describiendo.
A pesar de estas limitaciones, sus textos permanecen entre las fuentes indispensables para estudiar el siglo XVI mexicano. La información que recopiló sobre las poblaciones indígenas complementa otros testimonios de religiosos como fray Bernardino de Sahagún y fray Andrés de Olmos, y permite reconstruir parte de la vida cotidiana de las comunidades durante las primeras décadas de la Nueva España.
Motolinía murió en 1569 después de aproximadamente cuatro décadas de actividad misionera. Su legado sobrevivió principalmente a través de sus escritos, que actualmente forman parte de la historiografía fundamental sobre la conquista y los primeros años del Virreinato.
A más de cuatro siglos y medio de su muerte, fray Toribio de Benavente “Motolinía” continúa siendo una figura indispensable para comprender el México del siglo XVI. Su obra permite conocer tanto aspectos de las culturas indígenas como las profundas transformaciones provocadas por la conquista y la evangelización. Al mismo tiempo, su figura recuerda la necesidad de leer las fuentes coloniales críticamente, reconociendo tanto aquello que documentan como la perspectiva desde la cual fueron escritas.
Fuente: Diario Avance
