Villahermosa, Tabasco

David Morales

Cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, establecido por la Organización de las Naciones Unidas en 1994 para reconocer la diversidad cultural de los pueblos originarios y promover el respeto de sus derechos. La fecha fue elegida en recuerdo de la primera reunión del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas, celebrada el 9 de agosto de 1982.

La dimensión de esta población es considerable. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, existen aproximadamente 476 millones de personas indígenas en más de 90 países, pertenecientes a más de 5 mil grupos. Aunque representan alrededor del 6.2 por ciento de la población mundial, la propia ONU señala que concentran cerca del 15 por ciento de las personas que viven en pobreza extrema, reflejo de las desigualdades históricas que enfrentan.

En México, esta diversidad tiene una dimensión particularmente importante. El Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI registró 11.8 millones de personas que se reconocen como indígenas, equivalentes al 9.3 por ciento de la población nacional. A ello se suma una de las mayores riquezas lingüísticas del continente. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas reconoce 11 familias lingüísticas, 68 agrupaciones lingüísticas y 364 variantes lingüísticas.

Entre los pueblos originarios presentes en el país se encuentran nahuas, mayas, zapotecos, mixtecos, otomíes, purépechas, rarámuris, wixaritari, tseltales, tsotsiles y muchos otros. Para el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, esta diversidad no representa únicamente un patrimonio cultural, sino comunidades que mantienen formas propias de organización, conocimientos, lenguas y relaciones con sus territorios.

El sureste mexicano concentra una parte importante de esta población. En Tabasco, el Censo 2020 contabilizó más de 91 mil personas de tres años y más que hablan alguna lengua indígena. Entre ellas destaca el yokot’an o chontal, pueblo cuya presencia histórica se encuentra principalmente en municipios como Nacajuca, Centla, Jalpa de Méndez y Macuspana. Su patrimonio comprende la lengua, la gastronomía, las artesanías, la música, las tradiciones comunitarias y conocimientos vinculados con los ecosistemas de la región.

Sin embargo, la conmemoración no pretende limitarse al reconocimiento de las expresiones culturales. Uno de sus principales objetivos es recordar los derechos que corresponden a estas comunidades. El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por México en 1990, establece obligaciones para los Estados en materia de protección de las culturas, instituciones, territorios y formas de vida de los pueblos indígenas, así como su participación en las decisiones que puedan afectarlos.

En México, el reconocimiento constitucional también experimentó un cambio importante con la reforma de 2001 al artículo segundo, que reconoció que la nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. No obstante, el reconocimiento jurídico no ha eliminado las desigualdades. El CONEVAL ha documentado que la población indígena presenta históricamente mayores niveles de pobreza y carencias sociales que el promedio nacional, especialmente en comunidades rurales.

Otro de los desafíos es la conservación de las lenguas originarias. La pérdida de hablantes entre las generaciones jóvenes puede provocar que una lengua deje de transmitirse y, con ella, desaparezcan conocimientos acumulados durante siglos. La UNESCO ha advertido que una parte importante de las lenguas indígenas del mundo se encuentra amenazada, situación que convierte su preservación en un asunto tanto cultural como social.

Su importancia también alcanza ámbitos como la alimentación y la conservación ambiental. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha reconocido el valor de los conocimientos tradicionales y de los sistemas agrícolas desarrollados por comunidades indígenas. En México, productos como el maíz, frijol, chile y cacao, así como sistemas como la milpa, forman parte de un patrimonio construido y transmitido por generaciones de pueblos originarios.

Por ello, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas representa algo más que una oportunidad para recordar vestimentas, artesanías, gastronomía o tradiciones. Su propósito es llamar la atención sobre comunidades que continúan formando parte activa de la sociedad y que, además de preservar una importante herencia cultural, poseen derechos relacionados con su identidad, territorio, lengua, organización y participación.

En México y particularmente en Tabasco, la fecha permite reconocer que pueblos como el yokot’an no pertenecen únicamente al pasado prehispánico. Son comunidades vivas cuya lengua y cultura continúan formando parte de la identidad regional. Preservarlas implica no solamente conservar sus manifestaciones culturales, sino garantizar las condiciones necesarias para que puedan transmitirse a las nuevas generaciones.

Fuente: Diario Avance

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