Patricia González/Desde el Cristal
Una de las ventajas que el expresidente Andrés Manuel López Obrador subrayó siempre y que sigue siendo uno de los avances en la política mexicana a raíz del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el cambio de régimen político en el país es la denominada “revolución de las conciencias”. Es decir, en el pueblo, su mentalidad acerca de la política es cada vez más participativa pero al mismo tiempo más crítica hacia los gobiernos y los funcionarios públicos que lo conforman, esto sin distinciones de cuáles sean las siglas del partido o instituto político en el poder.
A la presidenta Claudia Sheinbaum se le cuestiona todas las mañanas y ella responde a las críticas, siempre con argumentos respaldados en hechos. Se refiere también con mesura a las calumnias y a las noticias falsas que sobre ella y el gobierno al que encabeza; hay un diálogo de ida y vuelta y escasas veces se le ha visto un cambio temperamental, ha sabido manejar la situación por muy difícil que ésta sea. Siempre actuó con sensatez política ante las provocaciones de Ricardo Salinas Pliego, por citar un ejemplo de uno de los opositores políticos que ha intentado, a través de insultos y faltas de respeto a la investidura presidencial, provocar una reacción equivocada por parte de la jefa del Ejecutivo federal.
El trabajo que la Presidenta está realizando se refleja además en las encuestas que la favorecen con opiniones positivas inclusive de ciudadanos que no pertenecen a ningún partido político o de militantes de los partidos opositores. Sabe cómo responder a quienes intentan provocarla porque, más allá de manejar la información sensible de su gobierno busca ser transparente en cada acto que lleva a cabo y, sobre todo, ser congruente con la ideología política con la que se formó desde su juventud.
Sin embargo, a pesar de todo lo que representa el movimiento que llegó al poder de la mano del expresidente AMLO en 2018, no está en el actuar de todos los funcionarios de gobierno en los tres niveles, las características que hemos mencionado para ser un servidor público incuestionable y transparente.
Es decir, hay funcionarios que dicen no entender “cuál es la intención de ofender, humillar o evidenciar” si los ciudadanos se atreven a lanzar una pregunta, cuando deben responder con datos irrefutables si hay “malas intenciones” o la “maldad” que dicen ver.
Para ello son precisamente las evidencias del trabajo que los servidores públicos deben tener a la mano; porque si el cuestionamiento es específico asimismo debe ser la respuesta, sin caer en el parloteo de una retórica en la que quien es cuestionado se exhibe, cayendo en el juego de quien provoca. Ocurre que el político, el gobernante, el servidor público en realidad no tiene una respuesta a la pregunta que ha sido lanzada al aire y se perjudica a sí mismo o lo peor, al gobierno que representa.
EN LA MIRA
Es fácil que un personaje público caiga en diatribas. O vea moros con tranchetes porque se le cuestiona legítimamente sobre el resultado de su trabajo. Los servidores públicos están obligados a responder con hechos, con pruebas, con evidencias tangibles sobre el trabajo que realizan y que además se les paga con el impuesto que se cobra a los ciudadanos. ¿Se les olvida que deben entregar cuentas claras?, ¿no es eso la revolución de las conciencias?
Fuente: Diario Avance
